El primer paso

No es extraño que entre tanta corrección política y temas deliberadamente zanjados, surjan nuevas voces que refieren la verdad como algo al alcance de la mano.

|by Eru|

Fck the system!! Así, sin más y, como una gran mayoría de los que son y se siguen considerando jóvenes (o eso me digo para sentir algo parecido a la pertenencia), llevo este mantra grabado a fuego en los calzoncillos, y en las entrañas. Pero sucede que uno ya empieza a tener una edad y parece que con el kit de la experiencia venía incluido el set “cuestiónate todo lo que dabas por sentado”. Fue así, en plena resaca emocional post-MDMA que me pregunté cómo podía hacerle entender a mis padres el estilo de vida que había elegido sin que les supusiera un quebradero de cabeza. Ya no digo que no se preocuparan, porque eso lo compraron junto con el carné de padres; pero al menos me gustaría encontrar puentes entre su paradigma generacional y el mío. En esas estaba, dándole vueltas al asunto, pensando en todas aquellas cosas que pincelada a pincelada conformaban mi vida, cuando entendí que en realidad desconocían gran parte de lo que hago o de lo que soy. Que, consciente o inconscientemente, les ocultaba sistemáticamente todo aquello que creía que podía dañarlos. Y eso, amigos míos, me hizo sentir más triste todavía. 

 ¿Cómo le dices a tus padres que no crees en algo que ellos han ayudado a construir? ¿Cómo les dices que, en plena revolución hormonal adolescente,su conformismo con el sistema ayudó a radicalizar tus ideas? Pero claro, en esa época era todo ímpetu y poco cerebro y el único alivio que encontraba era salir de fiesta con los amigos, el alcohol y, porque no, alguna que otra droga… Fck the system! Total, que lo máximo que reivindicaba en esa época era mi libertad sin saber qué quería hacer con ella. Que sí, que sí, que renegar del sistema está muy bien, pero… ¿cuál es la alternativa? Un sinfín de preguntas que, en vez de contestarme, prefería aparcar y ocultar bajo capas y más capas de evasión. Ahí es donde empezó el distanciamiento y asumo que en gran parte lo provoqué yo con mis temores y mi inseguridad. Pero mira por donde, que ya fuera porque me encontraba en un estado de conciencia alterado en el que mi capacidad empática estaba a flor de piel, ya fuera porque estaba harto de vivir en una pseudomentira, ya fuera por egoísmo, ya fuera por amor a los seres queridos o, ya en plan más hippie, por Amor a la vida; decidí mostrarles quien era su hijo. Esta resolución fue un bálsamo, la resaca emocional se convirtió en alegría y convencimiento. Estaba resuelto a desnudarme delante de ellos y asumir las consecuencias que se derivaran de ello, pero al menos con la conciencia tranquila. Curiosamente, toda esta resolución parecía diluirse mientras me dirigía a su casa -típica comida familiar. Aún así, tenía que ser consecuente y abordé el tema a lo espartano: – “Mamá, Papá, necesito que sepáis quién soy”. Tras esta frase, ya todo lo demás salió rodado. Menudo pedazo de discurso que salió de mis labios. No voy a entrar en detalles de lo que dije o contestaron, no diré que al hablar de drogas mi madre lloró, que al hablar de odio profundo al sistema postcolonial mi padre hundió el rostro entre sus manos haciendo que no con la cabeza, no diré que cuando les dije que quería dejar el trabajo su expresión era de sincera preocupación, no diré que su mirada mezclaba casi a partes iguales el amor de padres, la expresión de aquel que se pregunta qué hizo mal al educarme, todo aderezado con alguna que otra mirada en plan “¿quién es esta persona que tengo delante?” No diré nada de esto, porque lo que realmente me sorprendió fue que, después de largar yo por la boca y ellos escuchar pacientemente… el puente se tendió. Pero eso ya es otra historia.

6 comentarios en “El primer paso

    1. Gracias ante todo por comentar, especialmente en nombre del autor, cierto es que a veces uno elige seguir creciendo solo, pero la cobertura y amparo que ofrece un padre o una madre difícilmente pueden ser igualados fuera del nido. Agradecemos sus palabras, y las entendemos como esa otra orilla al final del puente referido. Un saludo!

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      1. Y eso, es ley de vida….pero da algo de miedo ¿no? aunque quizás es sólo el pequeño Peter Pan que se resiste a irse al País de Nunca Jamás… pero pensar en tomar el relevo, acojona un poco ¿verdad?

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