El Afecto Zero

“Yo me largo”. El viejo me contaba como descubrió la soledad precisamente en el frente justo cuando su hermano no de sangre decidió desertar ante él, su oficial al cargo.


|Miguel Ángel Perona|

No voy a morir asustado como un perro. Si que lo hizo, asustado de ella, no le perdonaría jamás. Alguien de su casta intelectual debió tenerlo muy presente antes de quedar exento de la capacidad cognitiva • Se acercó al transistor para bajar el volumen pero dado el cariz que tomaba la mañana se permitió la descortesía de dejarlo como estaba. Justo después se colgó por el cuello de un clavo de doce milímetros fuertemente anclado a la pared. Viejo y herido como estaba, la gravedad hizo el resto. Aguantó la enfermedad tanto como pudo tan sólo para poder describirla y una vez cumplido su propósito se permitió el lujo de programar una cita irrevocable con su autoexterminación. Cómo de específica se percibe la luz del día cuando es consabidamente la última, o dicho de otra forma, qué sabor tiene el tabaco cuando estas a punto de dejarlo. Ergo que profunda ha de ser la nostalgia si pronto te verás alienado incluso de la capacidad de añorar el calor aún latente de tu propia humanidad. Se contaba después en el casino de los jubilados la historia de un hombre que desafió su estirpe católica para poder matarse en paz. Motivos, los habituales, en estos casos siempre se suelen soslayar los detalles más obvios, como que aquel hombre tuvo un coraje infinito al desprenderse del activo más preciado. Dar muerte a uno mismo dentro de la cordura y la sobriedad es un acto de filosofía absoluto porque cuestiona de manera efectiva el mecanismo natural de terminación e inicia una discusión privada entre ese yo mezquino que mendiga por la vida y esa otra voz estrictamente socializada que te obliga a morir en las condiciones adecuadas. †

Su personaje favorito de Sense and Sensibility es sin duda alguna Lucy Steele. Lógico, por la atemporalidad de su cáracter, un talento que considera imprescindible si has nacido en la fecha equivocada. Las consecuencias del desarraigo le proporcionan una sensibilidad especial ante los actos genuinamente familiares. Se hace adoptar por cualquier grupo lo suficientemente formado y estable y se alimenta de sus sanas costumbres gregarias. Todos los que lo toman por un hombre de textura intrínseca admiten haberse equivocado con él cuando les roba la atención con un proceder deliberadamente superficial. Le encantan las despedidas, las entiende como la mejor parte de una relación cualquiera entre dos personas. “Ten a mano siempre algo que decir en una despedida y reflexiona sobre lo que significa en realidad después”. Su credo es extenso, acertado y al igual que él, muy extremo. Procura enamorarse a menudo para recordar la pureza e inocencia del sentimiento y paralelamente esta seguro de querer hartarse de sí mismo hasta el fin de sus días. Define el ahora mismo  como el único estado real al que puedes acceder y ejecuta sus decisiones en el acto asegurando que han sido tomadas de antemano en algún lugar muy profundo de su alma.

Podemos superarlo juntos. A el muy cabrón no le quedaba una gota de sangre por derramar y la calle Argenteria  de Barcelona parecía tener la capacidad de absolverla toda borrando cualquier rastro del incidente. Para cuando lo encontramos ya tenía los bolsillos vacíos, todos dejan de cazar si hay carne fresca servida en el asfalto. Balbuceaba y se pegaba al suelo luchando como una bestia por permanecer justamente ahí, una criatura vulnerable privada de su identidad, rodeado de amigos extraños y estelas de colores. Las rutinas espasmódicas y el pataleo lo habían dejado exhausto aunque en un último esfuerzo se aferró a Marc  desesperado por el tacto de un igual, carente del ser y estar, lobotomizado, tierno, aliviado. Su perfecta anatomía facial había resultado dañada en la caída aunque presentaba cortes previos por todo el torso y a pesar de ello no parecía sentir ningún dolor. Lucky  y yo nos miramos con toda la solemnidad que requiere una inferencia diagnóstica definitiva, no había lugar a dudas, conocíamos el ritual tan bien como el trance, envenenamiento por metoxetamina, sin cura conocida.

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