Simpáticos genocidas | Nagorno Karabakh Republic

El policía fronterizo gastaba una educación propia de alguien ampliamente escolarizado. Hablaba un inglés meloso, fluido, con acento cuidado y articulación precisa. La primera pregunta refleja la línea interrogatoria protocolaria aduanera  y precisamente  porque su respuesta es fácil de intuir, es la menos relevante de todas.

|Miguel Ángel Hudson|

Pobres e ignorantes. Quizás de todo lo que es importante para nosotros y seguros de defender la causa correcta, aún continúan justamente (o no) empecinados en conservar su territorio e incluso ir más allá de la reivindicación general armenia para erigirse como habitantes de su propia nación caucásica sin negar su original procedencia. Bajo los buenos auspicios de la reconstrucción y el desarrollo, la urbanidad se reproduce rápido dentro del territorio de Azerbaiyán, empujada principalmente por las donaciones de la diáspora armenia argentina que no se olvida de la gravedad de los incidentes ocurridos aquí hace más de 20 años y que a través de su soporte permite a los locales promover su propia infraestructura hidro-eléctrica básica para el desarrollo de la vida en estas tierras baldías.

Jódete vecino. Como en otras regiones especialmente marcadas por la muerte y la destrucción, las palabras aquí camuflan unos hechos que parecen olvidarse fuera del área de influencia kármica de la guerra. Para situarnos históricamente, el conflicto proviene en primer lugar del desbarajuste fronterizo ocasionado por la anexión de Armenia y Azerbaiyán   al Imperio Ruso en 1918. El territorio de Nagorno-Karabaj  volvió a ser objeto de disputa entre los dos países durante los últimos años de la Unión Soviética, situación que culminó con una cruenta guerra abierta cuyo punto de ignición fue la masacre de ciudadanos armenios por parte de fuerzas militares de Azerbaiyán  a principios de 1988. La consecuente respuesta por parte de Armenia  no estuvo exenta de patriotismo y defensa libertaria, sin embargo, como suele suceder cuando se abre la veda belicosa hubo una evidente extralimitación de las acciones estrictamente estratégicas de guerra. A pesar de la reciente desmilitarización que promueve un clima socio-político estable y el alto el fuego desde 1994, el conflicto permanece oficialmente abierto y al mismo tiempo la autoproclamada república sigue careciendo de reconocimiento internacional. Stepanakert, la capital de este estado ficticio, no es muy diferente de cualquier otra ciudad bajo la antigua influencia soviética y sus usos desprenden la normalidad de cualquier asentamiento moderno. Una nueva generación construye poco a poco un hábitat cultural favorable a la paz basado en esas mismas palabras vacías de las que hablábamos antes, herencia del pensamiento bélico previo generacionalmente anclado en el victimísmo y la inquebrantable ley talmúdica del ojo por ojo. Merienda genocida. Atravesamos toda la región en busca de la estela destructiva personal que asola los pueblos que han conocido la guerra, porque quizás la retórica genera la normalidad necesaria para que la sociedad civil funcione pero las miradas reflejan otra realidad más fundamental y homicida. Atrapados por la tormenta buscamos refugio en el paso fronterizo oriental cercano a Knaravan, punto de salida de nuestra ruta por el estado independiente hacia jurisdicción armenia tras haber intentado sin éxito acometer un paso de montaña cerrado por nevada intensa. Los guardias fronterizos no escatimaron esfuerzos para ponernos a cobijo y compartir al calor de la estufa el cordero recién horneado. Cada bocado de cabra seca redime mínimente la fractura con los valores de antaño y la cotidianidad restituye en cierto modo el equilibrio personal inicial entre la inocencia y la defensa de lo legítimo, si es que existe un balance adecuado entre esa comunión de ideas tan susceptibles de ser polarizadas.

Vardan Hovhannisyan volvió armado con su cámara, quizás  el único ingenio humano que no produce muerte en una guerra. Para legar un documento audiovisual honesto, dedicado a su hijo y a su patria, consciente desde su profesión de la importancia de exigir y proteger la verdad a toda costa. Trabajó como reportero freelance para diferentes agencias de noticias occidentales cubriendo los conflictos fronterizos abiertos tras la desintegración de la CCCP.  Dado el creciente odio étnico que arraigaba nuevamente en la región decidió volver a casa para hacer lo único que estaba en su mano e informar a través de la imagen desnuda y voraz de los combatientes implicados. El documental esta dirigido y  rodado por el mismo, con secuencias tomadas en primera línea, testimonios, plegarias y estados emocionales de primera mano, propios de aquel que sabe que va a morir hoy o  mañana, y reflexiona sin pretensiones, dentro de la rigidez documental,  sobre la hermandad en armas y el estricto papel del presente ante la ausencia del día siguiente. Haz click  para disfrutar el documental completo, Entre la Guerra y la Paz

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