No tan solos

Al paradigma de organización básico en familia nuclear surgen modelos alternativos que basan su estructura en otros lazos a veces no tipificados por la ley. La amistad y todo lo que puede obtenerse de ella suplen con eficacia el papel de la familia biológica o política. La necesidad de compartir piso evidencia la imposibilidad de ir a lo nuestro y aún en la era del individuo, especialmente hablando en términos económicos, uno no es suficiente.

|Miguel Ángel Hudson|

Comenzando por lo evidente. Los impulsos gregarios son innegables. Partiendo de esta base quizás deberíamos reflexionar acerca del papel de la familia y de la propia pertenencia al grupo. Según la Declaración Universal de los Derechos Humanos, es el elemento natural, universal y fundamental de la sociedad, tiene derecho a la protección de la sociedad y del Estado. La familia es la célula básica en la cual los seres humanos adquieren los primeros rasgos para el desarrollo del carácter y de la identidad personal, así como los hábitos y los valores que determinarán, en un inicio, su pensamiento y su desarrollo social. A partir de ahí, el proceso de socialización continua de la mano de otras figuras de autoridad, con roles más o menos definidos, pero igual de influyentes en la creación del ciudadano que, en último término, formará su propia familia por afinidad y replicará el proceso. De tales relaciones se espera, de manera bilateral, funcionalidad. Una relación funcional lo es en la medida que satisface unas necesidades que varían según época, cultura y contexto económico. La monogamia romántica occidental, y el impulso gravitacional del sexo, desarrollan un papel coactivo que genera una organización social tipo donde reproducción y soporte mutuo, son la dulce consecuencia.

Contractual o no. Es un hecho que las habilidades sociales y la red de soporte que deriva de ellas son imprescindibles para todos, pero de manera especial para los que no comparten la vida con nadie. Y es que las exigencias del mercado laboral, la vocación o la firme intención de no formar una familia, son factores que exigen estructuras alternativas. Compartir piso, ocio, cariño, romanticismo y por supuesto sexo, son relaciones cada vez menos exclusivas de la pareja monogámica regular. De la amistad o del vínculo entre extraños se generan relaciones contractuales más esporádicas y abiertas, pero igual de vinculantes que las primeras. Se trata de diluir el papel principal del cónyuge en toda nuestra dimensión social, quedando la figura del esposo/a indefinida en cuanto a personalidad se refiere, pero funcionalmente activa a través de las necesidades que cubre desde la colectividad.

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