Invaders

Va a ser difícil batir el record de 16 millones de pernoctadores alcanzados por Barcelona en 2013, pero aun así las cifras siguen subiendo este año al mismo tiempo que la capital catalana se ahoga en su propia sangre. Franceses, británicos y norteamericanos son los mercados internacionales que más invierten en la ciudad mientras la cifra de turistas españoles sigue cayendo. El impacto de tal avalancha humana tiene un efecto inmediato sobre los usos diarios de los residentes permanentes y la queja más habitual en verano se refiere precisamente a esta situación de invasión guiri. Nuestro compañero Carlos Pacheco Quinto sabe muy bien de lo que estamos hablando. por esa razón lanza un grito al viento denunciando una situación difícilmente controlable por las autoridades barcelonesas. Desarrollo económico, turismo, cultura, intercambio… sí, ¿pero en qué medida y a qué precio?

|Carlos Pacheco Quinto|

• Es obvio que el capital cultural y climatológico de Barcelona hacen de ella uno de los puntales turísticos a nivel mundial. Con esa condición, también es obvio que las autoridades pertinentes movilicen sus recursos disponibles en pos de atraer todo el dinero potencial que el turismo pueda dejar en la ciudad. Cruceros descomunales, ferias de alimentación y tecnología, festivales de música, congresos…, un imán bien ajustado que controla su propia imagen como parte del proceso de captación de inversores y visitantes.

El mes de Agosto como testigo de un proceso en el que los autóctonos arriendan su ciudad a millones de extranjeros sedientos, hambrientos y cumulosos de pecados capitales por saciar. Los que no participamos del éxodo vacacional y debemos quedarnos en la ciudad para cumplir con nuestras obligaciones laborales, nos quedamos con una extraña contradicción de sensaciones. Por un lado, podemos disfrutar de nuestra ciudad sin ese aire de rutina global que sucede de octubre a marzo. Por otro lado, circulamos por la misma como extranjeros en nuestra propia tierra. Si las ciudades pudieran padecer los trastornos psicológicos que padecemos los humanos, pasear una tarde de agosto por la rambla seria como transitar por un múltiple y gigantesco trastorno de personalidad a nivel social. Nacionalidades diversas, estratos sociales diferentes y niveles de educación y civismo a la carta se dan cita aquí en forma de gran masa zombie compralotodo. Uno se encuentra secuestrado entre preguntas, empujones y algún que otro grito mientras ladrones y comerciantes babean ante la posibilidad de llenar su botín.

   Las alternativas a este modelo turístico en una ciudad como Barcelona parecen nulas a priori. Barcelona como marca turística esta hecha para atraer a prácticamente todos los perfiles de visitantes existentes. El matrimonio adinerado de museo y restaurante, al joven fiestero de sol y disco, al treintañero alternativo y adicto a las drogas de diseño, al japonés gaudiniano y paellero… Obviamente son una figura económica positiva y la ocupación hotelera depende en más de un 80% del turista extranjero, por lo tanto nos hacemos cada vez más dependientes de ello y no nos importa ceder una parte de nuestra cotidianeidad en pos de mantener las cifras altas. Aun así, quejarse es el derecho humano no escrito más útil en sociedades como ésta, y es que la saturación de turistas que padecemos en agosto se hace sencillamente insoportable.

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