Russian affairs

si conoces una call girl rusa asegúrate de que su pasado no involucra ejecutivos taiwaneses y catástrofes aéreas. conocimos a su protagonista de manera fortuita en una interminable escala de Swiss Airlines en Suiza, nos contó una historia añeja, llena de dramatismo e inercia, que cobró vida de nuevo bajo la atmósfera tirolesa y etílica del aeropuerto de Zurich.


8h antes de la noticia del accidente del vuelo 593/Aeroflot. Tom (alias), nacido en Inglaterra, llevaba trabajando en Rusia algo más de dos años (desde 1992), como ingeniero para el consorcio petrolífero Komineft con base en Usinsk, área donde se encontraba destinado por cuarto mes consecutivo. Asuntos de trabajo requerían su presencia en Moscow y tras una semana mezclando negocios y placer en la capital, se encontraba a punto de regresar al norte. Por lo general estaba bastante descontento con su vida en Rusia, aunque ganaba dinero suficiente para ver el lado bueno de la situación y sacarle partido a una experiencia que no pensaba prolongar más de lo necesario.

   En la inopia del aislamiento, en una era previa a la hiperconexión telecomunicativa que disfrutamos ahora, Tom se dejó llevar por los estándares de la clase alta moscovita (en términos masculinos) y casi desde su llegada, empezó a frecuentar burdeles y pisos francos. Se divirtió algún tiempo, hizo algunos contactos y pronto buscó la intimidad de un hotel para sus devaneos nocturnos. En una de esas noches privadas de vodka y soledad, marcó un número de teléfono que alguien le había pasado, y quien contestó con un inglés muy malo fue Olya (alias). En un par de horas, una mujer de extraordinaria belleza, estaba en su habitación arreglando un precio para el servicio que ella ofrecía, bastante exclusivo por lo visto. Pasaron la noche juntos, no fue la última. Tom supo algún tiempo después de conocerla que había estado haciendo cine porno bastante extremo para una productora casera que controlaban algunos yuppies del nuevo Moscow. El dinero fluía sin control en aquel entonces, y según nos contaba él, Olya era una chica lista y ambiciosa, dispuesta a hacer lo que hiciera falta por vivir una vida sin restricciones monetarias. Fue en esa coyuntura tan inherente a la codicia donde ambos se econtraron. Coquetearon un tiempo y finalmente, cuando su naturaleza individual quedó al descubierto, ambos disfrutaron del cariño reciproco del otro sin más pretensiones que las habituales entre dos amigos.

    Siempre que volvía a Moscow procuraba llamarla, aquella vez lo pospuso demasiado. Quedaban algo más de medio día para que cogiera su vuelo de vuelta cuando lo hizo desde la habitación de su hotel. Le atendió un contestador, dejó un recado para ella, la citaba en una taberna del Aeropuerto Internacional que ambos conocían.

5h antes de la noticia. Olya había escuchado el mensaje de Tom es su contestador. Acababa de llegar a casa después de un servicio en un hotel cerca de ese mismo aeropuerto. Cogió un taxi y una hora más tarde se encontraba con él en un bar abierto 24 horas alejado del control de seguridad, a Olya por lo visto le ponían nerviosa los uniformes. Pidieron una ronda, y brindaron con alevosía, muy contentos de verse después de algún tiempo metidos en sus respectivos asuntos. Para Tom, Olya tenía un significado mucho más allá de su profesión, fue, en sus primeros meses en Rusia, la única fuente de calor y cariño sinceros. Le tenía mucho respeto, la consideraba inteligente y una mujer de la cabeza a los pies. Brindaron de nuevo por el reencuentro, había mucho de lo que hablar, no obstante, en muchas ocasiones lo hacían con reservas.

   Tom, siempre que podía, evitaba preguntarle por sus clientes, aunque cuando lo hacía, era más bien por curiosidad que por celos. Aquella vez no pudo resistir saber quién fue su último cliente y cuando preguntó, ella le contestó que había sido un ejecutivo taiwanes en viaje de negocios; también le informó de que no era su primer servicio con él y que llevaban vinculados durante algún tiempo, aunque nunca le habló del objeto del vínculo.

1h antes de la noticia. El vodka empezaba a nublar el sentido de Tom, no lo toleraba muy bien, no tan bien como la cerveza desde luego. Siempre quería besarla en la boca cuando estaba borracho, y quería hacerlo sin tener que pagar por ello, nos decía que era lo único por lo que le molestaba pagar cuando estaba con ella. Aun tenía unas 6 horas hasta la hora prevista para su vuelo, su plan, si es que Olya lo aceptaba, era llevarla a un hotel cerca del aeropuerto. A ella en realidad no le apetecía mucho, le dio largas un par de veces e insinuó que prefería seguir bebiendo y tomando cocaína mientras charlaban. Tom dejó de insistir, respetó su decisión (la cual encontró muy madura) y siguió pidiendo rondas. Se arrastró al baño como pudo cuando le fue inevitable y al volver encontró a Olya descompuesta, llorando y señalando la tele. Tom miró la pantalla y vio los titulares del servicio de informativos especial de la televisión rusa, estaban hablando del recién ocurrido incidente del vuelo 593 de Aeroflot/Russian International Airlines con destino Hong Kong. No había ningún dato confirmado entonces como es habitual en estos casos. Solo pudo abrazarla fuerte, jamás la había visto tan emocional, tras unos segundos de shock, su mente infectada logró inferir lo que pasaba.

A 10.000 pies de altura. El piloto al mando, Yaroslav Kudrinsky había llevado a sus dos hijos a su primer vuelo internacional y los había metido en la cabina de mando, mientras estaban en ruta. Aeroflot permitía a las familias de los pilotos viajar con una tarifa reducida una vez al año.Con el piloto automático activado, Kudrinsky, contraviniendo la normativa, les ofreció sentarse en los controles. Primero su hija Yana se sentó en el asiento delantero izquierdo del piloto. Kudrinsky ajustó la dirección del piloto automático para darle la impresión de que estaba haciendo virar el avión, pero sin que llegase a tener verdaderamente el control. A continuación, su hijo Eldar Kudrinsky se ubicó en el asiento del piloto. Al contrario que su hermana, Eldar aplicó la fuerza suficiente a la columna de control como para contradecir al piloto automático durante treinta segundos. Esto comenzó una reacción en cadena en el control automático para la que los dos pilotos no estaban preparados (principalmente por falta de experiencia con aviones de fabricación occidental), que inevitablemente y pese a todos sus esfuerzos, acabó con el Airbus A310 destrozado sobre la ladera de una montaña. Todo el pasaje murió en el accidente, estaba compuesto en su mayoría por hombres de negocios de Hong Kong y Taiwan interesados en una oportunidad económica en la nueva Rusia capitalista.

artículo/redacción

 

4 comentarios en “Russian affairs

    1. Con toda la razón, saber de la muerte de alguien que conoces es bastante impactante (indistintamente del vínculo), pero en este caso si que había buenas perspectivas para Olya, una lástima, seŕia lindo conocer los detalles de esta historia desde el punto de vista de ella. Un saludo!!

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